Trabajadores y trabajadoras migrantes que viven en Euskal Herria

«La lucha sindical es un camino para conseguir nuestros derechos»

 
Hemos dividido las preguntas en dos bloques. Por una parte, les hemos pedido que nos cuenten cuál es su situación en el mundo laboral, las condiciones con las que conviven, partiendo de sus experiencias personales. Por otra parte, tratamos de reflexionar sobre qué se puede hacer para combatir esa situación de discriminación, recogiendo las razones que les llevaron a organizarse.

 

A Realidad de las y los trabajadores migrantes partiendo de experiencias personales.
1. ¿Cuál es la realidad de las trabajadoras migrantes? ¿En qué situación os encontráis en el mundo laboral? ¿En qué condiciones?
2. ¿Cómo afecta el hecho de ser migrantes a la ya de por si complicada situación? ¿Cómo funciona esa discriminación? ¿En qué circunstancias, momentos... las percibís? Y ¿cómo la vivís?

 

B Cómo hacer frente a esta situación.
3. ¿Cómo se puede combatir esa situación de discriminación, de precariedad? ¿Qué y cómo se hace, o qué y cómo se puede hacer?
4. ¿Cómo y por qué os habéis organizado? ¿Sirve de algo organizarse?

 

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Edith Yolanda Atoy Perez, Colombia (1969). Trabajadora del hogar. LLeva 8 años viviendo en Euskal Herria, antes 6 en Canarias.

A Al llegar aquí los primeros años son muy malos, porque tenemos que cumplir la ley de extranjería, que nos impide durante tres años acceder a un permiso de trabajo.
Ello nos obliga a coger trabajos como la de internas, que son trabajos muy mal pagados. Nos someten a abusos laborales, a condiciones precarias, a un control absoluto. Y sufrimos acoso, insultos.
Nos afecta en cuanto a conseguir un trabajo, pero también en cuanto a conseguir una vivienda. Si no tienes nómina no puedes conseguir una vivienda. También afecta a la vida familiar y social, porque en esas condiciones no podemos cuidar de nuestros seres queridos.  

B Se podría combatir principalmente regularizándonos. Pedimos que nos faciliten nuestro permiso de trabajo y de residencia desde que llegamos a Europa, para que podamos trabajar, para acceder a nuestros derechos.  
Nos juntamos las trabajadoras del hogar  -la mayoría somos mujeres migradas de diferentes nacionalidades, pero que estamos todas en la misma situación -, así aprendemos y podemos reclamar nuestros derechos. También nos sirve para escucharnos y apoyarnos entre nosotras.
Estamos cansadas de nuestras condiciones laborales. Nos sentimos discriminadas, queremos tener los mismo derechos que cualquier otro trabajador, queremos acabar con este régimen de explotación.  Exigimos salir del régimen especial que tenemos las trabajadoras del hogar, que no nos permite avanzar.

 

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Houssein Yagoubi, Marruecos. trabajador y presidente del comité de empresa Huerta de Peralta (LAB)

A Llegué a Murcia con 16 años y con 18 me puse a trabajar hasta que llegó la crisis. Con 23 años me vine para Nafarroa en busca de un futuro mejor.
Ahora trabajo en Huerta de Peralta, donde se cumplen la mayor parte de nuestros derechos, aunque hay que seguir luchando para que se respeten.
Pero no todos están en la misma situación. Hay personas que están trabajando en el campo sin contrato y no se les paga como se debe. Necesitan el dinero para mantener a la familia, y no les queda otro remedio que cogerlo.
Lo que más nos afecta es el idioma. Es complicado comunicarse, sobre todo cuando tienes que hacer gestiones importantes como en oficinas públicas.
Necesitamos ayuda para traducir. Eso te crea desconfianza. Además, hay personas que intentan aprovecharse de tu desconocimiento.
También he sido insultado por la calle por ser musulmán. Aunque parece que esta situación está cambiando.

B Habría que concienciar a las personas y respetarnos entre todos. Es necesario buscar  ayuda, información y apoyo en otras personas.
La empresa donde trabajamos se estuvo aprovechando de nuestro desconocimiento, debilidad y la necesidad de mantener a la familia.
Trabajábamos entre 12 y 14 horas diarias por muy poco dinero, con contratos eventuales durante muchos años, sin vacaciones…
Por eso vinimos al sindicato a pedir información sobre nuestros derechos laborales. Después de una huelga de 28 días, hemos conseguido que al personal se le contrate como fijos y respetando sus derechos. Hemos aprendido que la lucha sindical es un camino para conseguir nuestros derechos.

 

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Rachida Allali, Marruecos. Presidenta del comité de empresa de Indusal Navarra. 19 años viviendo en Euskal Herria.

A Llegué de Marruecos en 2001 y empecé a trabajar en una conservera. Cuando llegó la crisis tuve problemas para encontrar trabajo. La realidad es que las y los migrantes tenemos más dificultades para tener trabajo estable. A día de hoy estoy trabajando y aunque las condiciones no son las mejores, puedo dar de comer a mis 3 hijos.
Habitualmente nos encontramos que los mejores puestos de la empresa recaen en las personas nacionales. A nosotras casi siempre no sitúan en los peores trabajos, levantando peso, en la limpieza… Además, los responsables  de las empresas no siempre nos tratan de igual manera que al resto de trabajadores, por nuestro desconocimiento de los derechos laborales.

B No se cómo habría que combatir esta situación, pero creo que se tiene que empezar por socializar a las personas desde bien pequeños. También tendríamos que dar a conocer nuestra forma de vida, para que vean que no somos tan distintos.
En nuestra empresa siempre ha habido comité, pero aún así, nuestras condiciones de trabajo han empeorado en algunos aspectos.
Tenemos una jornada de trabajo muy beneficiosa para la empresa. Trabajamos los sábados y 10 días festivos de 14.
Por ello, es importante organizarse y poder contar con personas que te puedan explicar  cuáles son tus derechos y tus obligaciones como trabajador. Es una manera de que las empresas sepan que no estamos solos en el mundo laboral.

 

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Adil Lasri, Casablanca (Marruecos, 1975). Trabajador, afiliado al sindicato LAB. Lleva 22 años en Nafarroa y 2 anteriores en La Rioja.

A Nuestra realidad es más complicada por nuestra dificultad con el idioma, y la falta de conocimiento de las normativas. Así se nos intenta presionar más que al resto de trabajadores.
Históricamente hemos realizado los trabajos más complicados y duros. Pero, por suerte, en estos últimos años, en la empresa de calzado y químicas en la que trabajo, las cosas se han normalizado. Eso se ha logrado a base de años de lucha. Creo que nos hemos ganado un respeto en la empresa.
La precariedad la padecemos en forma de trabajar más para poder cobrar lo mismo, es decir, se aprovechan para congelarte salarios, presionarte porque hay menos trabajo, etc. 

B Es importante afiliarse y asesorarse para combatir todo tipo de precariedad, para poder enfrentarse a la Dirección/ Patronal. Todos tenemos unas obligaciones que cumplir, pero también tenemos derechos que nos intentan pisotear.
La unidad de la plantilla es clave, organizarse e informarse de nuestros derechos para poder luchar por ellos.
 En mi anterior empresa conocí a LAB, y vi la eficacia y seriedad con la que trabaja.
En la actualidad, pese a no tener representación sindical en la empresa, seguimos trabajando como sección sindical para hacer frente a los problemas que surgen y puedan surgir (calendarios, vacaciones, despidos, bajas, sanciones etc.).
Creo que organizarse es importante, para frenar el ímpetu patronal por producir a cualquier precio. Si no te organizas no puedes enfrentarte a ningún problema.

 

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Erika Vanessa Velásquez, Colombia (1987). Trabajadora de la hostelería. 16 años viviendo en Euskal Herria (Bilbo).

A La realidad es muy injusta. Aquí es muy complicado acceder a papeles, acceder a un trabajo, a la seguridad social...
Los chicos suelen buscar trabajos en la construcción, y ahora como repartidores.
También conozco gente que trabaja en multinacionales de la hostelería. Muchas mujeres trabajan en el servicio de limpieza. Trabajan todo el día, por muy poco dinero, sin seguridad social...
Siento injusticia y pena. Al final se aprovechan de gente que al no tener nada, tiene que coger ese tipo de trabajos. Te dicen: o lo tomas, o lo dejas. Es muy injusto.

B Yo entré al sindicato porque pedí una baja y mi jefa decía que si no trabajaba no cobraba. Esto al principio cuela, porque una siente como cierta vergüenza de decir: no, perdona. Hasta que no te informas no te atreves a plantarte. Yo pensaba: ¿cómo voy a tener la cara de ir a cobrar si en realidad no estoy trabando? Hasta que me informaron en el sindicato de que para eso se paga la seguridad social. Entré por ese motivo, porque me estaban robando, estaban siendo injustos.
Sirve y mucho. A nosotros nos ha servido un montón. Nos sentimos más respaldadas, y con más autoridad a la hora de exigir algo.
Mucha gente dice que no quiere tener problemas con el jefe, que se va a enfadar. Pero yo estoy viniendo aquí a trabajar y estoy cumpliendo. Al igual que yo estoy cumpliendo, quiero que mi jefe cumpla. No estamos pidiendo nada que no sea nuestro, ni que no nos corresponda.

Hemen gaude

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