Red de Mujeres Migradas y Racializadas de Euskal Herria

Mujeres feministas y racializadas

 
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 La Red de Mujeres Migradas y Racializadas de Euskal Herria es un colectivo de mujeres, no mixto, antirracista y decolonial

 

La Red nace en 2016 de la necesidad de tejer redes entre mujeres migradas y racializadas, que militábamos en espacios mixtos del movimiento feminista y también del movimiento  antirracista, para hablar sobre la  migración y el racismo asociado a esta experiencia. Vimos que era imprescindible para nosotras tener un espacio desde donde hablar de lo que nos pasa aquí, pero también de lo que viene pasando en nuestros territorios de origen. Nos auto-convocamos y propiciamos un encuentro con Yuderkys Espinosa en 2017, que estuvo de paso en Donostia, y desde esa fecha hemos tomado la palabra y así seguimos.


Veíamos que las personas migradas nos encontrábamos con dificultades para conseguir la regularización de nuestra situación administrativa debido a una ley de extranjería que es completamente racista ya que  condena a las personas “extranjeras no comunitarias” a una vida sin derechos: sin papeles no podemos trabajar y sin trabajo tampoco podemos conseguir papeles; esto nos convierte a las personas migrantes en criminales. Esta situación, se traslada luego a la sociedad que nos termina viendo como una amenaza a su seguridad y como competidoras por los escasos recursos sociales. Así como el heteropatriarcado es una forma de violencia estructural, tenemos que reconocer que el racismo también lo es; por tanto, la situación de irregularidad en la que se encuentran casi 600 mil personas es parte de esa violencia.

Tenemos la urgente necesidad de crear, fortalecer y consolidar espacios y organizaciones no mixtas.


Nos incomodan las narrativas que se construyen sobre nosotras pero sin nosotras ya sea en la academia, en el feminismo o en el movimiento antirracista; el uso de nuestra imagen para mostrar la diversidad; que no se reconozca el racismo como una de las violencias que vivimos las personas migradas de Abya Yala o de África; y la apropiación de propuestas que han nacido en nuestros países como por ejemplo el “buen vivir” o el mismo feminismo decolonial sin mencionar desde dónde se están construyendo esas teorías y prácticas comunales.

 


Lo mencionado anteriormente, nos ha llevado a construir espacios propios, necesarios porque la amenaza de vivir racismo se reduce. Tristemente, cuando las personas racializadas creamos nuestros propios espacios, asociaciones o redes se nos percibe como una amenaza o como que estamos generando división al interior de los movimientos; sin embargo, la realidad, es que estos espacios propios son necesarios porque responden a la necesidad de fortalecernos entre quienes estamos viviendo una interseccionalidad de opresiones.

El racismo bajo la concepción de la colonialidad del poder sigue teniendo vigencia con el sistema de control de extranjería.


Como dijimos en las pasadas Jornadas Feministas de Euskal Herria en Durango, tenemos la urgente necesidad de crear, fortalecer y consolidar espacios y organizaciones no mixtas. Del mismo modo que la o el secretario ejecutivo de un sindicato no puede ser el/la patrón/patrona, o que en el feminismo “no pueden” ser hombres quienes lo integren y/o lideren, por más simpatizantes y aliados que sean. Esto no niega la posibilidad de establecer relaciones de colaboración con movimientos sociales que están en este territorio. Y de las que algunas formamos parte.


Hemos promovido procesos de formación y debate como la que hicimos en el 2018 con la Escuela de Pensamiento Feminista Decolonial y otros cursos que en la actualidad venimos realizando con el apoyo de algunas Casas de las Mujeres y Escuelas de Empoderamiento por ejemplo en Gasteiz y Arrasate.  Espacios en los que ponemos en valor y reconocimiento las teorías, epistemologías y prácticas políticas y afectivas que estamos construyendo compañeras de territorios del Sur y las que nos encontramos en estos territorios.


También hemos denunciando las violencias que viven las personas migradas. Un ejemplo de ello es el manifiesto que hicimos circular el 18 de marzo de este año,  durante la crisis pandémica, donde exigimos a los gobiernos una serie de medidas para resolver la situación personas de colectivos especialmente vulnerabilizados como la regularización para todas las personas migrantes que están en situación irregular; el cese de la criminalización policial a barrios habitados por personas migradas y racializadas; la liberación de las personas encerradas en los CIEs; la renta básica universal; la condonación de moras y alquileres; la disposición de pisos albergues y pisos de propiedad de los bancos para las personas que se encuentran en situación de calle y “menores no acompañados” que son expulsados de centros al cumplir mayoría de edad.  Todo bajo el lema: ¡Si la solidaridad no es para todes no es solidaridad! ¡Si la justicia no es de todes no es justicia!

La sociedad occidental está ubicada en el lado de los privilegios


En la actualidad venimos participando del programa radial ‘O no será’ en Halabedi Irratia, creemos que es también un  un espacio importante desde donde denunciar y mostrar las alternativas que estamos construyendo desde un feminismo antirracista y decolonial.

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Argazkia: Ecuador Etxea


Feminismo y lucha contra el racismo, dos elementos que van unidos

El feminismo no puede negar cuál es su origen eurocentrado y tiene que considerar como un objetivo la lucha  contra el racismo y la colonialidad como un orden estructural e histórico. El feminismo ha sido uno de los brazos de la modernidad occidental que promovió la lucha contra el patriarcado al que consideró universal y además señaló un único camino para la liberación de todas las mujeres.  Al centrarse sólo en la igualdad de género, lo que hizo fue invisibilizar la lucha contra el extractivismo y los bienes comunes de los pueblos originarios de Abya Yala que como dice la pensadora Maya- Kaqchikel Aura Cumes, son 500 años anteriores a la lucha feminista.


El feminismo en muchos territorios,  se ha construido a partir de la experiencia de mujeres blancas, de clase media con formación académica y heterosexuales, sin tener en cuenta la experiencia de mujeres que eran atravesadas por ejemplo por el racismo. Esto lo podemos leer en diferentes textos publicados en los 80 por feministas negras y chicanas en Estados Unidos  como Bell Hooks, Patricia Hill Collins, Angela Davis, Gloria Anzaldúa, Cherrie Morangas, entre otras.

Debemos seguir construyendo un feminismo que luche contra el racismo, la colonialidad y el orden patriarcal.


En el caso del Abya Yala,  voces como Lélia Gonzalez, Sueli Carneiro, Domitila Barrios de Chungara, demandaron la necesidad de hablar desde la experiencia y desde contextos particulares donde no sólo se explique la dominación desde el sexismo sino que además se contemple el racismo y el clasismo para entender la realidad de las mujeres negras e indígenas en Abya Yala. Todas estas propuestas y otras más han sido recogidas por feministas decoloniales como María Lugones, Rita Segato, Ochy Curiel, Yuderkys Espinosa, Karina Ochoa, entre otras.
Dentro del movimiento feminista se tiene que reflexionar sobre el papel que ha desempeñado en la colonialidad, y la manera cómo se ha construido a las personas no blancas como sujetas pasivas sin agencia ni voz y que necesitan ser salvadas. Aunque el colonialismo no es el mismo del de hace 500 años, la colonialidad ha seguido teniendo vigencia en nuestros contextos, en nuestros cuerpos, en nuestras vidas, en nuestra colonialidad interna.


Racismo y privilegios

El racismo nace en el siglo XVI con la historia colonial impulsada por lo que hoy es Europa. El racismo es una jerarquía social que ubica a unos cuerpos por encima de la línea de lo que es un ser humano y a otros por debajo de esa línea, esta definición se la debemos a Frantz Fanon y es con la que nos identificamos.  Los cuerpos que están por encima de esa línea son los cuerpos a quienes la sociedad identifica como personas blancas y son aquellos que se benefician, es decir que obtienen privilegios del sistema racista.

Planteamos crear comunidad, vínculos afectivos y políticos en nuestros territorios de origen y en Euskal Herria.


El racismo bajo la concepción de la colonialidad del poder sigue teniendo vigencia con el sistema de control de extranjería y el negocio suculento y opaco de la migración. En las que unas vidas importan y otras son desechadas. ¡Tenemos que deconstruir todo! Tenemos que decolonizar el mundo y nuestros territorios así como repensar la historia de occidente.


La sociedad occidental está ubicada en el lado de los privilegios; por tanto sus conocimientos son valorados, reconocidos; tienen acceso a lugares, no se duda de su palabra, además universalmente se han posicionado como el modelo de desarrollo al que hay que imitar. Por el contrario, lo que pasa con los cuerpos y pueblos que estamos debajo de la línea de lo humano, es que nuestros conocimientos o los de nuestra comunidad no son valorados, reconocidos; no se nos permite acceder a todos los lugares; se duda de nuestra palabra, y somos las personas llamadas subdesarrolladas o del tercer mundo.


Retos

Como colectiva no mixta de feministas migradas y racializadas, sudacas, moras, negras afrodescendientes que vivimos en Euskal Herria, es seguir construyendo un feminismo que luche contra el racismo, la colonialidad y el orden patriarcal que nos afecta. La Red nació de la necesidad de tejer redes entre migradas y racializadas para hablar de asuntos propios, que nos atraviesan y que son diferentes a los que viven otros cuerpos dentro del sistema colonial-racista, capitalista y hetero-patriarcal; es decir construir narrativas propias desde nosotras mismas sin intermediarias.  Decimos que no vamos a romper relaciones con otros espacios en los que otras compañeras militan, pero tenemos claro que este es nuestro espacio. Desde ahí planteamos crear comunidad, vínculos afectivos y políticos en nuestros territorios de origen y en Euskal Herria.


Nos encontramos en ese camino que nos lleva a pensar, pensar(nos), desmontar, construir/imaginar/comprender conjuntamente,  debatir y poner en común los argumentos -siempre inacabados- siempre en construcción.

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