David Avril Hervás

“Para el Estado español las Balears sólo somos una máquina de generar dinero, le da igual todo lo demás”


talaia06 david hervasDavid Avril Hervás (Inca, Mallorca, 1975) es responsable de formación y debate de las fundaciones Darder-Mascaró, vinculadas al espacio de izquierda ecosoberanista de las Balears. Es licenciado en Geografía e Historia y doctor en Educación. Fue uno de los fundadores del partido ecosocialista IniciativaVerds, que formó parte del embión que creó MÉS el 2013. Ha sido diputado por MÉS per Mallorca en el Parlament autonómico desde el 2013 hasta que dejó el cargo la pasada primavera.
 
 

Desgraciadamente la imagen que tenemos de las Islas Baleares tiene demasiado que ver con las playas paradisiacas que nos venden las revistas de viajes o famosísimas discotecas. Pero esa postal invisibiliza la realidad de un pueblo sin estado, ¿cual es esa realidad?

Son muchas las realidades que quedan invisibilizadas, más allá de la cuestión identitaria (que además es compleja porque las islas somos pueblos, en plural). Sobre todo, la de una sociedad en la que tras la fachada de la primera línea y una imagen de prosperidad hay tremendas desigualdades sociales y una presión sobre el territorio y unos recursos naturales más que limitados por nuestra condición geográfica. En términos sociales y económicos, hemos pasado en poco más de medio siglo de la autarquía y la supervivencia, a la vanguardia de la globalización capitalista, de la que somos un campo de pruebas, y esto tiene consecuencias.

“Los récords de turistas conviven con récords de desigualdad social”

Si a eso añadimos la falta de soberanía en el manejo de los recursos económicos y una escasa soberanía política agravada con estos años de recentralización con el PP en el gobierno del Estado y un extractivismo que incluye entre sus formas la corrupción política, imagínate. Los récords de turistas conviven con récords de desigualdad social, de brecha salarial entre mujeres y hombres, de consumo de drogas, de abandono escolar y tantos otros indicadores de emergencia social.

 

Los últimos años las consecuencias del turismo en las islas tanto a nivel económico, político como social han sido muy sonadas: imágenes de gente durmiendo en sus coches, trabajadores que rechazaban plazas por el precio del alquiler, los salarios miserables… ¿Cómo os afecta tanto a nivel micro como macro el turismo?

Somos una sociedad que además de vivir del turismo, vive “turistizada”, en el sentido que el turismo condiciona las relaciones sociales, la cultura, lo identitario… lo condiciona todo. Desde el punto de vista económico, el turismo es lo que explica que incluso en los años de crisis a partir de 2008 el crecimiento demográfico haya sido positivo y la inmigración no haya cesado, con un crecimiento constante de la población escolar, por ejemplo, del 10% anual… ¿Cómo se gestiona eso con unas cuentas intervenidas?

“El turismo condiciona las relaciones sociales, la cultura, lo identitario… lo condiciona todo”

Pero además, el turismo ha concentrado tanto la actividad económica alrededor de su actividad, que todo lo demás, tanto la agricultura como la industria, han sido reducidas a lo testimonial. Nos hemos convertido en una economía de servicios, en la que además de más precariedad que en otros territorios se da con un mayor equilibrio entre sectores, hay otro elemento de vulnerabilidad, y es la creciente financiarización de la economía turística. El turismo es también un mundo de especulación, con sus propias burbujas que si llegan a explotar, en nuestro caso sería dramático, porque alguien se lo jugó todo a una carta.

 
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Las medidas adoptadas por el nuevo gobierno balear no han sido menos sonadas. ¿Cómo se ha desarrollado el proceso de cambio de gobierno*, de debate social entorno al tema y posteriormente la ratificación de la nueva ley sobre el turismo? ¿Cómo se está llevando a cabo su implementación?

Como soberanistas, ecologistas y de izquierdas, desde el principio tuvimos claro que para estar en el gobierno era estratégico gestionar el turismo, porque otros compañeros de pacto no se hubieran atrevido a tanto. El primer reto era romper una dinámica en la que históricamente, durante más de veinte años de gobiernos del PP y algún paréntesis de centro-izquierda, había una Consejería de Turismo, pero las políticas públicas de turismo estaban absolutamente subordinadas a los intereses de los grandes lobbies hoteleros. Piensa que empresas como Barceló, Melià, Iberostar… Son todas mallorquinas, o Matutes y los Fiesta en Eivissa. Son lobbies no sólo a nivel local, sino a nivel mundial, con presupuestos y poder superiores a los de una simple Comunidad Autónoma.

“Piensa que empresas como Barceló, Melià, Iberostar… son todas mallorquinas”

El impuesto de turismo sostenible (ITS) como una de las primeras medidas del pacto de gobierno fue no sólo algo necesario y con mensaje -el turismo debe contribuir a la sostenibilidad social y ambiental-, sino un pulso de poder con los hoteleros, que ganamos porque teníamos y tenemos un apoyo social importante, de hecho este año se ha duplicado la cuantía del impuesto y no ha pasado nada, porque además las plusvalías en el turismo son tremendas. El segundo reto fue regular el alquiler turístico o alquiler vacacional, algo menos popular porque hay un discurso interesado sobre la “economía colaborativa” cuando uno de los resultados del alquiler turístico ha sido una mayor presión en los precios de la vivienda, dificultando el acceso a un bien básico. Hemos llegado a la paradoja de falta de personal de todo tipo, en muchos sitios, desde trabajadores turísticos a profesionales sanitarios, porque no pueden pagar una vivienda.

“Este año se ha duplicado la cuantía del impuesto y no ha pasado nada, porque además las plusvalías en el turismo son tremendas”

Aprovechamos la regulación para poner un techo de plazas turísticas y ahora se está trabajando en otras regulaciones, como la del “todo incluído”, siempre en la perspectiva de la soberanía sobre las políticas y el horizonte de la sostenibilidad y la prosperidad compartida. También se han hecho cosas importantes, como luchar contra la explotación laboral y ayudar a visibilizar problemáticas como las camareras de pisos de los hoteles (las kellys), y se ha acompañado el proceso de negociación de un convenio de hostelería que es de referencia para todo el Estado con aumentos del 17% de los salarios.

 

¿Puede ser el turismo sostenible a largo plazo? En un territorio tan pequeño que lleva tantos años dirigido a ese sector, ¿cómo y hacia donde podría redirigirse la economía?

El turismo es, de entrada, una actividad insostenible. Imagínate a todo el mundo haciendo turismo. En nuestro caso, el día que se contabilicen a nivel local las emisiones de CO2 de los aviones, será un escándalo, porque nos visitan más de 15 millones de turistas al año cuando tenemos una población estable de poco más de 1 millón. En China están empezando a tener problemas porque la clase media empieza a hacer turismo y claro, 100 millones de chinos haciendo turismo interior generan un impacto difícil de manejar. Vivimos en la paradoja de tener que gestionar lo que hay, reorientándolo hacia un menor impacto ambiental y una mayor prosperidad social, un mayor reparto, y equilibrando también el peso del turismo en beneficio de otros sectores económicos, con unas competencias más que limitadas.

“Nuestra capacidad de incidencia sobre los puertos y aeropuertos, nuestra principal puerta de entrada a las islas, es nula”

Por ejemplo, nuestra capacidad de incidencia sobre los puertos y aeropuertos, nuestra principal puerta de entrada a las islas, es nula, y eso a pesar de que nuestro Estatut habla de “cogestión”. Pero para el Estado español las Balears sólo somos una máquina de generar dinero, le da igual todo lo demás. En cualquier caso, la palabra clave es transición. Pensar todo lo que hacemos, como las leyes de cambio climático y de residuos que hemos puesto sobre la mesa, en clave de transición ecológica y social, pero sabiendo las limitaciones que tenemos.

 
 

¿Cómo se trabaja la identidad de pueblo, el soberanismo, en un territorio abarrotado de turistas? ¿Cómo luchar contra esa invisibilización de las problemáticas y vidas locales que conlleva el turismo de masas? ¿Cómo influye el procés catalán a este trabajo?

El soberanismo no puede ser, en nuestro caso, un proyecto identitario. La mitad de nuestra población ni siquiera ha nacido aquí, y somos una población muy diversa en lo cultural y en las procedencias. Lo que sí intentamos trabajar es un nuevo sentido común colectivo, que incluya elementos identitarios que están amenazados, como la lengua catalana, pero también una identidad mallorquina que es plural y multicultural, que se aglutine alrededor de elementos que condicionan nuestras vidas como isleñas e isleños, y que son elementos que tienen que ver con la soberanía política: lo que te comentaba de la gestión sobre los aeropuertos, o la financiación autonómica, por ejemplo. Somos los que más aportamos y menos recibimos del sistema a pesar de los indicadores sociales que tenemos, y eso hace que en cuanto a educación, sanidad o servicios sociales, por muy buena voluntad política que tenga el gobierno de izquierdas, seamos ciudadanos de cuarta categoría en el Estado español. Es a partir de esto que se puede articular un proyecto social y político de cambio.

 

Seguro que las islas se llenan cada años de miles de euskaldunes de vacaciones. ¿Qué nos pediríais mientras estamos visitando vuestra tierra?

Que disfruten de este paraíso nuestro, pero que a la vez lo respeten porque no somos un parque temático, somos un pueblo digno con un territorio frágil, que tiene mucho que mostrar y compartir con el mundo, más allá de la imagen del turismo de masas, de alcohol y de balconing con la que se nos asocia en demasiadas ocasiones. Y que como todos los pueblos del mundo, quiere vivir con dignidad.

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